En ese momento, el mayordomo de la familia Herrera, Bob, salió.
—Señorita, hace frío afuera. Los señores le piden que regrese a cenar.
Valeria ni siquiera volvió la cabeza.
—Échenlo lejos de aquí.
Bob asintió.
—¡Valeria! ¡Aunque todo haya terminado, aunque me dejes tirado, al menos déjame presentarme a tu familia! ¡Que los niños conozcan a sus abuelos! —gritó Sebastián.
Había perdido todo sentido del decoro. Solo quería que el escándalo de las noticias se calmara y proteger su empresa a toda c