Una ráfaga de brisa otoñal se coló junto con la voz de Eduardo:
—Esas palabras que me dijiste antes... ¿Cuentan?
La mente de Valeria, ya revuelta por la furia, vaciló un instante.
—¿Qué?
—Que después del divorcio, estarías conmigo.
La mirada de Eduardo era profunda, impenetrable, como si pudiera absorberla por completo dentro de su campo de visión.
Intensa, dominante, sin espacio para evasivas.
Valeria abrió la boca.
—Yo...
Sabía que se había pasado... que lo había usado como escudo.
—Lo sient