Bajo la mirada furiosa de sus padres y la presión de la situación, Ricardo no tuvo más remedio que ceder, aunque sus ojos brillaban con resentimiento.
—Lo siento.
—¡Con mejor actitud! —exigió el Señor Navarro.
Finalmente, Ricardo alzó la cabeza y miró fijamente a Valeria, pronunciando cada palabra con claridad:
—Lo siento. No debería haber hablado de ti a tus espaldas. ¡Te pido perdón!
La mirada de Valeria se posó en Ricardo.
—Con un amigo como tú, Sebastián no parece tener mucha suerte. Deja