58
Veo mi teléfono y son casi las siete y media, ambos no musitamos más palabras, he tomado una decisión y cuando todo esto acabe me iré con el hombre que amo.
Aprieto los puños de mis manos, esto me duele demasiado, tanto que siento un fuego bravío en mi pecho, uno que me dice que alguien saldrá lastimado de todo esto. Hiraku llegó de la nada y arrasó con todo a su paso.
Izan parques su coche al frente del garaje del jet de la familia Toshiba, Hiraku se quita los lentes apenas nos ve. Corre ha