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Gabrielle Smirnov
Hiraku no deja de mirarme.
Me como el pincho de piña de mi bebida, el japonés mira hacia todos lados y más nerviosa no puedo ponerme. Una canción de moda suena e intento concentrarme en ella para no pensar en el hombre que tengo adelante.
Sus manos se mueven sin control, sus ojos negros me observan penetrantes, puedo ver la ligera capa de sudor que se encuentra en su frente. Su garganta se contrae y traga seco.
—Necesitamos hablar Elle—suelta.
—No tenemos nada que hablar Hi