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Izan estaciona el BMW delante de mí, Hiraku abre la puerta con manos agitadas y me tira dentro. Ambos miramos hacia atrás. El rubio maneja a toda velocidad.
—¡¿Fue Woods?! —pregunto. Izan golpea el volante.
—¡Maldito hijo de puta! ¡Maldito! ¡Maldito! Te iba a matar… —grita con desespero. —No se lo voy a perdonar, él… —deja de hablar. Mi pecho sube y baja.
Hiraku sostiene mi mano y se la arrebato, estoy en la parte trasera del coche y sin dudarlo me voy hacia adelante, el italiano me mira y s