Capítulo 37

Cuando Alba despertó, un tanto desorientada, ya era mediodía y, afuera, seguía lloviendo a cántaros. Ella abrió los ojos y se sobresaltó al ver el oscuro dosel de terciopelo verde.

Atemorizada, miró a todos lados, en búsqueda del más mínimo detalle que la hiciera reconocer con certeza el lugar dónde se encontraba. Pero, fue en vano, ni siquiera vio a Damián.

«Por ti, estoy arriesgando lo único que tengo, mi vida. No pido nada de tu parte, solo que seas un poco agradecida conmigo…»

Resonó en
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