30. Eres una buena gatita.
Ricardo podía ver las lágrimas resbalar por sus mejillas a través de la máscara y se inclinó agarrándole el cabello y haciéndole echar la cabeza para atrás.
— Eres una buena gatita…
Murmuró lamiendo una de sus lágrimas sin dejar de empujarse lento, profundo en su interior, hasta estar completamente envuelto por el calor de su esfínter que parecía someterlo del mismo modo, apretado, tan apretado que le parecía imposible aguantar.
Le soltó el cabello y acarició sus nalgas enrojecidas por los azot