14. ¿Y si todo fuera una trampa?
Josefina debía reconocer que estaba completamente muerta de miedo, nada la había preparado para lo que ese hombre le pedía, seguía mordiendo su labio inferior y algunas veces el superior tratando de calmar el miedo, los nervios, la curiosidad y la necesidad de huir que la embargaba.
La voz suave y seductora del hombre contrastaba con el aura de autoridad y de peligrosidad que sentía a su alrededor, y es que él parecía llenarlo todo con su presencia de un modo en que no se podía explicar ni defi