Sorpresas, celos, y más (2da. Parte)
La misma noche
Dallas
Lance
Dicen que los hombres somos protectores por excelencia, tanto que muchas veces nos comparan con animales marcando su territorio. Yo diría que estaba en nuestra esencia proteger para sentirnos protegidos, porque cuando veíamos a la persona que amábamos en peligro no nos deteníamos a pensar, solo actuábamos movidos por ese instinto. Aunque, claro, a veces la sensatez debía imponerse antes de cometer una estupidez o un error irreparable.
Y ahí estaba yo, con la rabia con