Unas horas después
New York
Williams
El amanecer apenas asoma entre los rascacielos de Manhattan cuando me ajusto el saco frente al espejo. Mis pensamientos siguen clavados en Lance. ¿Habrá resistido la noche? ¿Seguirá luchando? Me seco el sudor frío de la frente y camino hasta la sala del pent-house.
Michael está sentado en el sillón, jugando nervioso con el celular.
–¿Ya están listos para irnos? –pregunto con voz dura, cerrando el reloj de pulsera–. ¿Dónde demonios está tu madre?
Michael se en