Al día siguiente
New York
Karina
El hospital huele a desinfectante y a angustia. Camino apurada junto a mi hermana Rebecca, con el corazón acelerado, preguntando por Lance apenas cruzo la puerta. Martha me intercepta antes de llegar a la recepción; su rostro está pálido, los ojos enrojecidos.
–Ahora lo están evaluando –me dice con voz quebrada–. Quieren saber si es posible operarlo.
Siento un vacío en el estómago. No me queda otra que caminar de un lado a otro, incapaz de quedarme quieta, cuando