Sofia simplemente mordió su labio ante las palabras de Alexander, aunque claro que no fue por mucho tiempo, ya que como si fuese imán y Alexander un metal, terminaron con sus labios juntos una vez más, aunque ahora ya no había ropa que los estorbara, las manos de Alexander viajaban lentas y cadenciosas, recorriendo cada centímetro de sus muslos, apretando su cadera y esos rollos que a ella tanto le molestaban, y Sofia, Sofia se deleitaba enterrando las yemas de sus dedos, tratando de buscar un