Sofía bebió un poco de té solo para humedecer su garganta, y quizás tratar de tranquilizarse un poco.
—Puedes decirme lo que quieras pequeña, créeme que a tu abuelo nada lo asusta. —Sofía le dedicó una pequeña sonrisa de boca cerrada, mientras sentía la mano de Alexander sobre la suya.
—Mi temor no radica en que te asustes, mi temor radica en que te suceda algo, recién te estoy conociendo, no quiero perderte. —aquellas palabras hicieron que Edmond rejuveneciera 20 años en un segundo, el que habí