El alivio que sintió Sofía al saberse con las manos desatadas, fue efímero, porque por más que trató de defenderse, lo único que sintió fue como dos de sus uñas se desprendían de su piel y aun así no dejó de luchar, hasta que nuevamente un golpe en su cabeza hizo que el mundo gire a su alrededor, aunque esta vez no fue un puñetazo el que le dieron, en algún momento de su desesperación había logrado elevar la parte superior de su cuerpo, pero claro que la fuerza que Sofía podía tener, no se comp