Miranda sorprendida espero sus siguientes palabras, pero Manuel solo la besó bruscamente.
Los recuerdos que una vez tuvo de sus besos tiernos y cariñosos fueron echados por la borda, por aquellos salvajes y acompañados con olor y sabor a cigarro.
Ella hizo una mueca de disgusto, que para Manuel fue como una bofetada en su orgullo. Se separó de ella y la miró con una sonrisa cínica.
—¿Qué? ¿Tanto asco te doy? Podrás ser todo lo puritana que quieras, pero cuando estés en mi cama te volverás un