La habitación de invitados de Leonora tenía una cama individual, un sofá de dos plazas junto a la pared y la ventana al jardín con la nieve que había seguido cayendo durante la cena y que a medianoche cubría el suelo con esa capa limpia de la primera nevada que borra los bordes de todo y hace que los jardines parezcan más ordenados de lo que son.
Leonora había dicho buenas noches con la eficiencia de alguien que lleva veinte años viviendo sola y que ha aprendido que la hospitalidad no requiere