El auditorio del Museo del Diseño de Madrid era una caverna de terciopelo rojo y caoba. Seiscientas personas ocupaban las butacas dispuestas en hemiciclo. La iluminación, diseñada para concentrar la atención en el escenario de madera pulida, dejaba a la audiencia en una penumbra cómplice.
Faltaban quince minutos para el inicio de la gala anual de la Asociación Española de Diseño de Moda.
Isidora aguardaba en el pasillo lateral del backstage.
Llevaba la chaqueta correspondiente al boceto cuarent