Mis puños se cierran con tanta fuerza que las uñas se clavan en mis palmas. Por dentro siento el odio hierve en mis venas como un incendio incontrolable. La puerta se cierra con un clic seco detrás de él, dejándome sola en la enorme habitación que sigue oliendo a maldita vainilla, incluso el jabón de la ducha tiene el mismo aroma.
Mi mandíbula se tensa mientras mi mente trata de procesar lo que acabo de ver.
Ese video donde salen Asha y mi madre. No estaban solas, pero me di cuenta de que la se