Capítulo 96– El Veneno en la Sombra
La noche olía a pólvora.
A traición.
A un desastre cocinándose a fuego lento.
Fabricio acomodó los papeles sobre la mesa del pequeño apartamento ,unos papeles que no servirían de nada , mientras Virginia, ilusionada como una chiquilina, terminaba de contarle cómo había conseguido las llaves maestras.
—¡Fabricio! —susurró, con los ojos brillando de emoción—. ¡El guardia es un idiota! Solo tuve que inventarle un mareo, hacerme la agradecida por el vaso de agua.