Capítulo 92 – El Precio del Nombre
El olor a desinfectante y el pitido constante del monitor cardíaco eran las únicas cosas que se oían en la habitación.
Fátima se quedó de pie, al borde de la cama, sin atreverse a tocar la mano de su padre.
Él dormía.
O eso creyó.
Hasta que escuchó su voz:
—Te arrastraste con él, Fátima… —susurró, con los ojos cerrados—. Y arrastraste todo lo que construí en cincuenta años.
Ella se congeló. Su corazón tembló como si le hubieran clavado una aguja helada en el p