Capitulo El mensaje
La tarde caía sobre la ciudad como una losa de concreto, pesada y sin promesa de alivio. En la oficina de dirección de obra, la tensión no necesitaba palabras: estaba en el aire, en las miradas, en el modo en que Fabricio arrastraba los dedos sobre el escritorio sin darse cuenta. Fátima lo observaba desde el sillón con las piernas cruzadas, sus uñas perfectamente limadas tamborileando contra el brazo del sillón con una impaciencia que contrastaba con su falsa calma.
—Te