Capitulo Nicolás
Cuando Fabricio cruzó la puerta del salón de reuniones, lo hizo como si entrara a inspeccionar una obra que le pertenecía. El saco colgando sobre los hombros parecía un andamio mal instalado: decorativo, pero a punto de venirse abajo. Caminaba con paso firme, como quien cree tener el plano en sus manos, pero yo sabía que ni siquiera había leído los cimientos.
Se sentó frente a nosotros con ese gesto suyo tan estructurado como un render sin ejecutar: impecable por fuera, hueco p