Capítulo — Voces que cruzan países
La habitación del hospital estaba en penumbras, iluminada apenas por la luz cálida de la lámpara sobre la cuna doble donde Thiago y Benjamín dormían. Sol, recostada con el pelo algo despeinado y la piel todavía cansada, miraba a sus hijos con esa mezcla de agotamiento y plenitud que solo conoce una madre recién parida. Bruno, sentado a su lado, no apartaba los ojos de los bebés. De vez en cuando extendía la mano y acariciaba la pancita de uno, o acomodaba la