Capítulo — El Milagro de las 12:25
El frío del quirófano no se parecía a nada que Anahír hubiera sentido antes. El aire era tan limpio que parecía cortar la piel y, aun así, había un calor invisible que la envolvía: la mano de Nicolás apretando la suya, transmitiéndole la seguridad que solo él podía darle.
—Estoy acá, amor —susurró él, inclinado sobre ella, con los ojos brillosos bajo el barbijo quirúrgico—. No te voy a soltar ni un segundo.
Anahír quiso responder, pero la emoción le cerra