CAPÍTULO: Volver a Pelear
El amanecer trajo una calma engañosa. En la casa de los Martínez, el silencio era apenas roto por el tintinear de las tazas de café y los suspiros contenidos. Alejandra, con una camisa blanca impecable y el cabello recogido con firmeza, desayunaba en silencio. Damián le sirvió jugo y la miró con ternura. Alejandro dormía en casa de su abuelo, protegido, lejos del eco de lo que ese día significaría para su vida.
Anahir revisaba documentos. Fabián ajustaba detalles de