~Adrian
Mis palmas golpearon el suelo frío, mi cuerpo doblado, mi culo levantado alto para él. Ni siquiera podía pensarlo, las lágrimas casi corrían de mis ojos.
“Quédate justo así,” gruñó detrás de mí, su voz áspera, llena de mando.
Y entonces lo sentí, su polla, pesada y caliente, deslizándose entre las nalgas de mi culo, presionando como probando, provocando, recordándome lo completamente que me poseía.
Mi respiración se entrecortó, mis muslos temblaron, cada nervio vivo y gritando.
“Joder…