Respirando con dificultad, Clara obedeció. Sus manos se movieron con un temblor que no podía suprimir, deslizándose hacia abajo para separar la suave carne de las nalgas de su trasero. El aire, frío contra su piel expuesta, la hizo estremecerse, dejándola completamente vulnerable y con su culo ampliamente abierto y al descubierto.
Ben escupió en el culo de Clara, la frialdad resbaladiza recorriendo el espacio entre sus nalgas antes de acumularse en el apretado anillo. Entonces su grueso dedo, n