Bianca tenía la falda aún subida alrededor de la cintura, las piernas abiertas de par en par, mostrando su coño completamente expuesto, los muslos temblando por el orgasmo que él acababa de arrancarle. Entonces sintió la polla de Carlos, gruesa, pesada y dura, presionando contra ella.Él frotó la cabeza roma de su polla contra su entrada empapada, provocándola, deslizándose por su coño sin llegar a entrar.—Mírate —murmuró Carlos, con los ojos recorriendo el cuerpo de Bianca—. Tan jodidamente mojada por mí.Ella levantó la cabeza, mirándolo entre sus piernas. Sus pantalones estaban medio bajados, sus abdominales tensos por la contención. Su polla latía en su mano, ya húmeda de precum. Carlos le agarró los muslos y los subió más alto, forzando sus rodillas contra su pecho.—No te contengas —susurró ella—. Puedo aguantarlo.Carlos sonrió con una mueca.—No, cariño —dijo con voz ronca, arrastrando la cabeza de su polla por su raja empapada—. Lo vas a sentir jodidamente todo. Cada centíme
Leer más