El sol de la tarde golpeaba la nuca de Vivian y Nate, mientras el aire llevaba el dulce olor a algodón de azúcar y masa frita.
A su alrededor, el parque de atracciones bullía de vida. Las montañas rusas rugían, enviando gritos que resonaban en el aire, mientras la alegre música del carrusel giraba en notas brillantes y tintineantes.
Nate señaló hacia la imponente rueda de la fortuna, cuyas coloridas cabinas brillaban bajo la luz del sol mientras giraban lentamente contra el cielo azul claro.
—V