El corazón de Vivian latía con fuerza contra su pecho, cada músculo rígido por un pánico implacable mientras sus instintos gritaban.
—¡Nate, para! —siseó, con la voz temblando de pánico.
Vivian arañó la cabeza de Nate, sus dedos enredándose en su cabello mientras lo empujaba con todas sus fuerzas.
Nate gruñó, un sonido de protesta amortiguado escapando de él, pero mantuvo su lengua presionada insistentemente contra el coño de ella mientras ella lo empujaba.
—¡Para! ¡Levántate! ¡Ahora! —suplicó