13:00 hs. — PERSPECTIVA: Román.
Apenas se hicieron las trece en punto en el reloj de esa cueva maldita, que para mí era más una prisión que una oficina de trabajo, salí pitando con mi mochilita hacia la cafetería de mi planta. Tenía media hora para mí, para disfrutar de mi almuerzo y de un rato de paz y tranquilidad. Nada de papeles, nada de e-mails, nada de fotocopiadoras ni grapadoras. Y, por sobre todas las cosas, nada que tuviera que ver con el anormal de Damián.
Feliz, contento y con una s