La casa estaba en silencio cuando sonó el timbre. Didi descansaba en su bata de seda, sin esperar a nadie. Su esposo, Greg, había mencionado una gotera en el baño de visitas, pero no dijo cuándo vendría el reparador. Al abrir la puerta, se encontró con un hombre alto y de hombros anchos que cargaba una pesada caja de herramientas. Llevaba una camiseta ajustada y manchada de grasa que resaltaba sus brazos gruesos.
Sus ojos no se quedaron en su rostro. Se demoraron en la forma en que la bata colg