Didi se quedó mirando la enorme y oscura polla que latía frente a ella. Parecía algo imposible. Respiraba con jadeos cortos, presa del pánico. —No —susurró, negando con la cabeza—. No, no hagas esto. No... es demasiado grande. Me vas a romper. Por favor, no.
El fontanero no dijo ni una palabra. Se limitó a sonreír, con una mirada lenta y segura que decía que sabía exactamente lo que hacía. La agarró de las rodillas y las empujó hacia sus hombros, abriéndola por completo. Colocó el bulto amorata