West estaba sola en la sala, o al menos eso pensaba. Su novio, Marcus, había salido a buscar bebidas para los chicos. La casa estaba en silencio, las cortinas echadas, y el único sonido era el zumbido bajo y rítmico del pequeño vibrador plateado que sostenía entre sus piernas.
Estaba despatarrada en el sofá de terciopelo, con su vestido de verano subido hasta la cintura. Tenía las piernas apoyadas en el reposabrazos, abiertas de par en par para darle al ruidoso aparato acceso total a su centr