Cara
Debí haber corrido hacia las puertas, pero parecían trabadas.
—¡Quiero irme! ¡Abran las puertas! ¡Ya no me interesa esto! —grité. La recepcionista no se detuvo. Ni siquiera parecía avergonzada. Se aferraba a los bordes del mostrador, arqueando la espalda mientras la enfermera continuaba hundiendo la cara entre sus piernas.
—Espera… nena… ahhh. Sí, justo ahí… Risa —jadeó la recepcionista—. Solo… espera… tengo que… terminar… ahhh, ohh, sí…
Me quedé allí, paralizada. Mi mente me decía que cor