Cara.
Hoy era el día. Estaba de pie frente a la imponente estructura de cristal y acero del Centro Médico D-vellona. El corazón me golpeaba las costillas con tanta fuerza que pensé que podría fracturar una.
No era un hospital cualquiera. Era el lugar donde la gente pasaba décadas intentando conseguir una pasantía. Era la instalación médica más importante del estado, famosa por albergar a los cirujanos más brillantes de todos los planetas.
Y, de alguna manera, me habían invitado. Hoy era el día