La casa estaba en completo silencio, excepto por nuestra respiración. Pesada. Húmeda. Resonando contra las paredes como si fuéramos las únicas dos personas que quedaban en la Tierra.
La polla de Ethan seguía medio dura dentro de mí, ablandándose lentamente pero sin salir. Le gustaba quedarse dentro —le gustaba sentir su semen atrapado donde pertenecía. A mí también me gustaba. La sucia plenitud. El recordatorio de que había hecho que mi hermanastro perdiera el control dos veces ya.
Pero no habí