Capítulo 2: La mañana después
Me despierto dolorida, todos los músculos me duelen como si me hubiera pasado un camión por encima. La luz del sol se filtra a través de las cortinas del dormitorio de Derek —mi dormitorio ahora, al parecer, ya que no me dejó marcharme anoche. Mi cuerpo es un desastre: muslos pegajosos con semen seco, culo magullado por sus azotes, coño palpitando por la brutal follada. Lo odio más que nunca, ese cabrón alfa que me forzó a someterme. Pero al moverme bajo las sábana