EMILIANA
—Me alegro que te guste, porque a partir de ahora me llamaras así. —afirme con firmeza. No era especialmente fanática de los apodos románticos, los consideraba cursis, pero en esencia seguía diciendo mi nombre, por lo que no contaba realmente. —¿Ya has decidido si te mudaras o no? —pregunte tratando de no sonar tan ansiosa como me sentía.
Amanda no respondió al instante, lo que solo hizo que mi ansiedad aumentara a niveles insospechados. Era mi día libre en el trabajo, por lo que no te