— No me jodas Freire — su buen amigo y forense había ido con el perito al levantamiento del cadáver —. No me digas que esto también tiene que ver con tu caso.
— Ojalá pudiera decirte lo contrario viejo amigo — Freire tenía la ropa llena de salpicaduras de sangre, se había puesto delante de la muchacha y había intentado introducir los dedos para sacar aquella cabeza que estaba en interior, pero no pudo hacer nada, ni él ni Berto. La muchacha murió entre sus brazos.
— ¿Queda alguno con vida? — Era