— Me encantaría decirte que me alegro de verte — respondió el forense —, pero la verdad es que me hubiera gustado más si fuera en una cafetería o en una fiesta.
— Qué te parece si al salir nos tomamos un café en la cafetería de Armando — le sonrió.
— Amigo mío — se animó con una sonrisa de oreja a oreja —. Sabes de sobra que nunca podría decirte que no. Conoces mi punto débil.
— Creo que ya sé la respuesta — observó el cuerpo desnudo de Eli sobre una mesa metálica — pero ¿Qué es lo que has enco