Llegó a la comisaría y el ambiente estaba cargado. La cara de los agentes era de fatalidad, de horror, de un desastre apocalíptico.
—¿Qué pasó? — Freire se dirigió al sargento.
— Una gran putada — desató la lengua —. La acusada pidió un vaso de agua, antes de que se la llevaran.
— Mierda — gritó Freiré.
— Se asfixió — siguió hablando sin darse cuenta del rostro desencajado de Freire —. Los agentes intentaron ayudarla, pero le salía sangre por la boca. Fue muy traumático, tengo a los pobres de b