Revisó los móviles, las libretas y las declaraciones, no podía quedar ningún cabo suelto. Todo tenía que estar perfecto, pero había algo, unas piezas que seguían sin encajar y esperaba que Eli llenara los huecos vacíos.
Alguien llamó a la puerta, era la primera vez desde que estaba en esa comisaría que alguien mostraba modales, lo normal era que entraran de forma abrupta.
— Señor Freire, la familia ha llegado y están de muy mal humor — puntualizó.
— Perfecto — sonrió complacido, mientras se gira