Masajeando, James introdujo el primer dígito, sacando un excitante jadeo de la garganta de Dante, el cual, sin duda alguna, lo prendió aún más. Aquella era una de sus partes favoritas, y cuando el cuerpo del mayor se encogió sobre el suyo, apretándose alrededor de su dedo, supo que había encontrado su punto dulce. James amaba lo sensitivo que era el otro hombre, y mordiendo el hombro pelinegro de manera provocativa, empujó otro dedo en su interior. Dispuesto a no tardarse demasiado en aquella t