A la mañana siguiente, James se despertó con el leve tintineo de su celular, que vibraba sobre la mesilla de noche. Abrió los ojos lentamente, parpadeando contra la luz del sol que se filtraba por las cortinas. Tomó el aparato en sus manos y vio que tenía un mensaje de su profesor:
"Estoy enfermo por tu culpa, puedes venir a mi casa para las clases particulares, piso 7, apartamento 306, ya te sabes lo demás"
Una sonrisa traviesa se dibujó en los labios de James al leer el mensaje. Recordó el d