Mundo ficciónIniciar sesiónMe dirijo hacia el sofá donde se ha vuelto a sentar, ha tomado otra copa de bebida y observa fijamente como me acercó a él.
—No sé quién sea usted, ni quiero saberlo. —Lo señalo con mi dedo índice, él levanta una ceja y continúa tomando de su copa. —No soy de su propiedad, no puede decidir por mí, no puede decirme cuando debo irme o cuando debo venir, soy grande, mayor de edad y puedo tomar mis propias decisiones, yo sola. —Me cruzo de brazos, espero que reaccione con violencia o que al menos se enoje, pero continúa igual, impávido, frío, solo me observa.
—No te enojes por querer cuidar de ti, te dije que soy tuyo, de la misma forma en la que tú eres mía. —Creo que este tipo está más loco que yo.
—¿Y de qué forma es esa? Ni siquiera sabemos nuestros nombres, solo hemos follado, no tenemos la menor idea de quien es cada uno de nosotros, ¿cómo puedo ser suya y usted mío? Esto es increíble, ¡Es que le hablo de usted! —Termino gritando, él vuelve a levantar una ceja y deja la copa a un lado.
—No grites, detesto los gritos —dice y yo hago un gesto desdeñoso, me importa una m****a. —Estaré en la ciudad durante siete días, serás mía durante cada noche y yo seré tuyo el mismo tiempo, no sé por qué estabas aquí, pero no me gusta compartir ¡Nunca! —Lo miro con la boca abierta.
¿En serio quiere que vuelva? ¿Siete días? Pero si yo trabajo y uno de esos días ni siquiera tengo turno.
—Lo siento, gracias por todo, pero no puedo. —Me giro y me dirijo hacia la puerta.
—¡Detente! — Lo hago de manera automática, ¿Qué diablos? —Vas a venir. —¡Que seguro se siente!
No voy a hacerlo, no voy a poner de nuevo en peligro un trabajo en el que podré ahorrar el suficiente dinero para ayudar a mi madre.
Por unos meses, podré seguir trabajando los fines de semana o después de conocer mi horario en la universidad, si al final puedo ir.
Tendré que organizarme, buscar otro trabajo más cerca a la Universidad, no lo sé; pero por el momento este va a permitirme ahorrar dinero mucho más rápido.
—Tengo cosas que hacer en las mañanas, no puedo pasarme el tiempo metida en un club nocturno —digo sin volverme a mirarlo.
En realidad, tengo que empezar a trabajar hoy a las diez de la mañana y estaré muerta del cansancio si no duermo algo, porque termino a las cinco de la tarde y a las ocho de la noche debo volver aquí, lista para empezar a trabajar en mi turno nocturno, no puedo, ni quiero volver a verlo.
Mi cuerpo se estremece, porque soy una mentirosa, porque muero por tenerlo en mi interior, por volver a sentir el tacto de su piel, su voz ronca y sensual, sus labios sobre los míos.
—Tesoro.
Siento su aliento en mi hombro, cerca a mi oído izquierdo, pero no me toca, mi cuerpo se estremece, parece que ese es su nuevo estado desde que entré a esta habitación.
—No es muy inteligente mentirse a sí mismo, sabes que vas a venir, así que no entiendo por qué pierdes energías negándolo. —Rodea mi cuerpo y se detiene frente a mí.
Su mano se levanta y se posa en mi cuello, imita el mismo movimiento de hace un rato, como lo hizo en medio de mi orgasmo, solo que en esta ocasión, no presiona, se muerde el labio inferior, sus grandes pestañas descienden sobre sus mejillas mientras observa como mi pulso se altera, mi pecho se mueve a la velocidad de mi respiración acelerada.
La mano del señor Perverso se desliza entre mis senos, retira hacia un lado mi blusa y toma uno de ellos para luego inclinarse y saborear mi pezón, cierro mis ojos y los puños, porque solo quiero llevar mi mano a su cabeza, enredarla en su cabello y presionarlo más fuerte contra mí.
Levanta la mirada y luego se aleja, vuelve a organizar mi blusa y toca con suavidad mi mejilla.
—Estás mojada, igual o más de lo que lo estabas cuando entraste a esta habitación hace un rato y perdiste la virginidad conmigo —dice y yo respingo, no puedo negar lo evidente, estoy completamente empapada. —Vas a venir y yo estaré esperándote, procura que durante estos siete días, nadie te toque. —Lo miro indignada, quiero golpearlo.
—Espéreme sentado —le digo y me dirijo al muro donde todavía se encuentra mi teléfono, son casi las cuatro de la mañana, espero encontrar un bus, el problema es que tardaré bastante para volver a casa y no podré dormir nada.
—Con gusto —me dice, Lo veo manipular su teléfono, el que no tengo la menor idea de donde sacó. —Un auto te espera en la puerta trasera, es más discreto. La clave es tesoro.
No entiendo como ha podido solicitar un auto sin saber mi dirección, o tal vez los conoce y lo que quiere, es exactamente eso, saberla para controlarme.
—Gracias —le digo y abro la puerta de la habitación.
—Gracias a ti, me has regalado tu mayor tesoro. —Vuelvo a apretar mis puños —Hasta mañana.
Se quedará esperándome como loco, salgo del lugar como si fuera una clienta más, los limpiadores de este turno no me conocen, llego hasta la puerta trasera y observo una camioneta 4x4.
—Tesoro —le digo al hombre que se encuentra en ella y luego me pide mi dirección, lo miro a los ojos por el retrovisor y sin sentir absolutamente nada de vergüenza, le doy la dirección de una de mis clientas, la que vive más cerca de mi casa y cerca de una estación del metro, al final, voy a tener que perder algunas horas de sueño.







