Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos chicos siguen ahí, aunque por un largo momento los olvidé; no sé qué tan a gusto me sentiré si el señor Perverso lleva mis dedos a su boca, delante de ellos.
—¡Tesoro! —Obedezco en el acto y levanto mis dedos, que él toma con mucha calma sin dejar de mirarme a los ojos.
Su lengua se envuelve alrededor y succiona; imagino ese mismo movimiento en mi vagina y mi vientre se contrae. ¡Oh, por favor! No puedo







