Mundo ficciónIniciar sesión"Sentimiento de posesión que desarrolla una persona dominante y absorbente en la relación con otra u otras personas"
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—¡Respira! —Escucho de nuevo la voz que ha estremecido mi cuerpo durante la última hora. —Tesoro, respira. —Mi mirada se pierde en la suya, profunda.
Acabo de tener la experiencia más extraordinaria e inquietante de mi vida, nada de lo que mis amigas me contaron me prepararon para esto, lo había escuchado, lo había leído, pero creía que era algo exagerado, nunca nada me hubiese preparado para lo que acaba de pasar y lo más increíble de todo, es que fue en mi primera vez.
—¿Qué sucedió? —pregunto, pero lo sé, tuvo que haber sido eso.
Mi cuerpo voló, era como si mi alma lo estuviera abandonando, para sumergirse en un mundo de placer, la sensación era tan extraña, tan increíblemente reconfortante y a la vez asfixiante, que por un momento pensé que moría, que mi corazón se detenía para siempre y al siguiente, estaba nadando en la sensación más excitante y extraordinaria de mi vida
¡Oh Dios mío!
Esto ha sido la mejor la experiencia de mi vida.
—La petite mort —dice el señor Perverso con tranquilidad.
Sus largos dedos acarician mi mejilla y descendien por mi cuello, sigo atada, pero no es incómodo, a pesar de todo lo que ha pasado, su leve caricia me estremece de nuevo.
¿Me estoy convirtiendo en una adicta al sexo?
—¿Tuve un desvanecimiento postorgásmico? ¿Sucede siempre? —Él sonríe y se sienta a mi lado y libera mis manos, las acaricio y muevo mi brazo.
—No. Tesoro, ha sido un placer vivirlo contigo por primera vez —me dice y continúa liberando mis pies, los acaricia con calma.
—Me estabas ahorcando con tu mano. —Vuelve a jugar con mi cuerpo, sus dedos recorriéndome poco a poco, despacio.
—Solo fue un pequeño juego, estabas tan disponible y excitada que quise intentarlo contigo, nunca hubiese presionado más fuerte o te hubiese hecho daño, puedes confiar en mí. —Se levanta de la cama, gloriosamente desnudo, contengo la respiración. —Ven conmigo.
Extiende su brazo y me ayuda a levantarme de la cama, no entiendo, mi mente no ha activado ninguna alarma, por lo general, evito a los hombres que llevan grabado un aviso de peligro y este lo tiene con reflectores y luces luminosas, pero heme aquí, dejándome consumir por su mirada, su voz y sus caricias.
Toma mi mano y se dirige a la ducha, siento la humedad en mis piernas y bajo la mirada, él se detiene y me observa, frunce el ceño y se detiene detrás de mi cuerpo.
La sala de baño es inmensa, lo observo a través del espejo, él toma algo en sus manos y peina mi cabello, para luego recogerlo en la parte alta de mi cabeza, su mano desciende por mi espina dorsal y se detiene en el nacimiento de mis glúteos, tiemblo por completo, soy como una gelatina en sus manos, arcilla dispuesta para su deleite.
—Al principio pensé que solo llevabas algún tiempo sin hacerlo y eso me encantó. —Escucho su voz grave, susurrante.
¿Cómo un hombre puede hablar de esa manera y tocarme tan profundo? Es como si activara todas mis terminaciones nerviosas con su voz
—Pero ahora, ¡estoy maravillado con lo que he descubierto!
Se pone de pie y me toma de la mano, abre la ducha, prueba la temperatura del agua y cuando se asegura de que está caliente, me empuja suavemente, toma una suave esponja y empieza a lavar mi cuerpo.
Sus manos se pasean por todo mi cuerpo, acaricia mi centro con calma y siento en mi culo como su erección comienza a crecer, me gira y toma mi cara entre sus manos, sus labios se apoderan de los míos de manera posesiva, tengo la sensación de que el beso ha durado una eternidad.
El señor Perverso me saca de la ducha y empieza a secarme con una muy esponjosa toalla, estoy muy excitada y aunque siento un poco de dolor, muero por volver a sentirlo dentro de mí.
Sé que debo irme, es tarde y lo más probable es que no vayan a pagar mi servicio de taxi, pero a pesar de eso y de todas las cosas que me advierten que esto es una locura, quiero volver a estar con él.
Me inclino y lo beso, deshago la toalla blanca con la que se está cubriendo y toco su culo, es tan duro que mis manos acarician con placer, sigo desnuda, presiono mi pelvis contra la suya y gimo contra su boca, no me reconozco, ya no sé quién soy, solo siento la necesidad de tenerlo solo para mí.
—Tesoro, no debes extralimitarte —dice alejando mis manos de su trasero.
¿Sabe que yo era virgen?
—Tendremos mucho tiempo después, pero no hoy, no ahora, debes reponerte. —Me besa en la frente y sale de la sala de baño, está excitado, puedo verlo a leguas, así que no comprendo cuál es el problema.
—¿No le he gustado? —Le pregunto observando como empieza a vestirse.
—No sabes lo lejos que estás de la realidad.
¿Qué quiere decir con eso?
Observo como se abotona la camisa, con la ropa puesta es igualmente deseable.
—Fue tu primera vez y en mi opinión fue algo intensa, no tuve cuidado, no lo sabía, no te cuidé. Ahora debes descansar, no volverá a pasar, yo siempre cuido lo que es mío —dice acercándose a mí, que sigo desnuda observándolo y en lugar de sentirme avergonzada por lo que acaba de decirme, me siento enojada, furiosa.
—No soy su posesión —respondo. —Yo decido sobre mí y gracias por todo, pero tiene razón, ya ha sido suficiente, señor. —Camino hacia donde se encuentra mi ropa, empiezo a vestirme, estoy enojada, no tiene por qué decidir por mí.
—Lo eres. —Lo escucho decir, todavía con un tono bajo.
¿Acaso este hombre no grita?







