Treinta y dos

Después de que Pavel confesara lo mucho que sufrió a manos de sus padres, ya no puedo ver a los señores de la misma forma. Son amables y sonrientes, pero es imposible verlos como personas decentes. Ser homosexual ya no debería ser objeto de burla, discriminación y menos aún de odio, pero la realidad me pega de golpe; el que no me rodeé de gente homofóbica no significa que no la haya.

Pavel no nos dijo el nombre de su novio, aunque a juzgar por la cantidad de alumnos en el campus, seguramente no
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